Belmonte

    Lucía Bayón en Halfhouse

    GOLPES BAJOS

    Halfhouse, Barcelona

    Mirando hacia adentro.
    Sentado bajo, perfectas articulaciones cerradas, unidades que podrían resolver su fabricación.
    Piel áspera, pero frente limpia, sin nudos.
    Marcan gestos de gracia —torsiones, sí— pero que aún conservan la sencillez de
    un trazo, de un golpe, sus interiores atados en sí mismos.
    Senalan sus esquinas, dicen “aquí están mis esquinas, aquí demuestro mi extensión,”
    estas curvas son ondulaciones hacia fuera, piensa en la ebullición de ser como
    una vela atrapada a pleno viento.
    A pesar de ello, el foco de su torsión es realmente hacia dentro, un cerrarse en
    momentos de autotocamiento. Pellizco de garra, punta de dedo.
    Tocan el suelo y se encuentran con él, aterrizan donde están y nada
    más. …
    Exteriormente, están flexionadas—se flexionan para ti—
    se flexionan para sí mismas—se flexionan en un espejo.
    Pero, no olvides que calman su cara más ruidosa, están amortiguando algo…
    Posados sobre superficies son invertebrados-descansan como los Bichos de Lygia Clark
    Suaves, estos escarabajos sin clasificar se posan contra un borde.
    Otros revolotean,
    rozan el suelo y luego calladamente
    se posan.

    Por aquí: la cualidad satisfactoriamente mugrienta de una cosa manoseada en exceso,
    un trozo de papel en tu bolsillo
    tocado demasiado.
    Hablamos de la dificultad de hacer+
    Aprendí pronto que espigas vaqueros.
    Espigar es coger lo que de otro modo se desperdiciara.
    Llevamos vaqueros y los desgastamos y nos desgastan,
    también—impresiones en las caderas,
    tal vez.
    Las costuras de la tela donde se dobla o triplica
    repujan la superficie de nuestra carne, nos causa
    pulidos por contacto.
    Nos causa lijados.
    Bajo tu mano espigadora, comienzan una vida diferente.
    Espigar la tela vaquera y convertirla en pulpa,
    hacerla objeto de nuevo, un lento desatar a mano… tamizada y clasificada por
    partes, apulpada durante horas en la despulpadora. Me ensenas vídeos.
    Espigar también puede ser inmaterial, como espigar información.
    Llevar la cosa hasta esta fina mugre,
    construir hacia nueva forma +haciendo eso,
    tratar de obtener algo de ella
    y también darle algo
    a ella—un doble vínculo,
    ya que la forma no implica necesariamente el cierre,
    ni la materia prima proporciona apertura (Lyn Hejinian).
    Haber hecho algo nuevo no responde necesariamente a una pregunta.

    Sentados en el suelo del estudio, o fuera en la hierba áspera,
    intentamos poner nombre a nuestros nudos.
    Nombrarlos así
    para empezar a conocerlos
    —y esto no significa que tratemos de urdir su deshacer.
    Momentos o frases de acción puntuados por grandes periodos de pausa. Aquí,
    ambas se evidencian estas dos unidades/cualidades de tiempo son evidenciadas. Y,
    podría tal pausa ser pausa que no intentaremos
    desatar?
    Que dejaremos como está?
    +son estas pausas
    pausas
    que son bultos en la
    garganta +que se quedarán así?
    Quieres hacer tus nudos en nudos y luego dejarlos ahí, en la mesa, en el suelo,
    en la entrada. Te das cuenta de que, habiendo desanudado un impulso, no te quedas con
    una superficie en absoluto aclarada.
    De nuevo: haber hecho algo nuevo no responde necesariamente a una pregunta.
    Dices: diferentes contenedores (habitaciones) conllevan diferentes gestos.
    Los nudos y las cremalleras lo son, también. Son habitaciones para contener
    diferentes formas de actuar.
    Sabemos que un nudo, como mínimo, ha sido anudado y podría
    deshacerse.
    Una cremallera, en cambio, tiene poder tanto en el cierre como en la
    apertura +cada gesto,
    cada acto de subir o bajar la cremallera
    es
    cambio de espacio arquitectónico.
    Donde los nudos son fibras unidas por simpatía (Tim Ingold),
    también hablan de lo que nos cuesta deshacer.
    Una cremallera no es nada de esto, es
    —pasaje plano libre abierto a cerrado a abierto de nuevo—
    una potencia lateral, simple.
    Cuando se libera del tejido que la rodea, pierde parte (no toda) de esta potencia.
    Puede desplazarse más, aunque se mantiene fijo en su punto cuando la lleva un cuerpo.
    Una cremallera es demostrativa,
    es potencial
    es un nudillo móvil
    apuntando hacia arriba o hacia abajo.
    Nos detenemos en la entrepierna.
    Siempre lo hacemos.
    El diccionario dice que la entrepierna es la “bifurcación” del cuerpo humano
    donde las piernas se unen al tronco. Es el punto en el que (podríamos) partirnos
    en dos.

    Estamos compasadas para saber dónde pueden ir las cremalleras.
    Me gusta cómo dices Qué inmediato es desabrocharse la cremallera y quitarse los pantalones.
    Qué rápido se abren los botones. Sí. Y, el estilo, estas gramáticas conocidas, nos da tales
    herramientas de navegación (Rosi Braidotti). Su chaflán en la puerta, suave guía
    silencioso, murmura
    mira hacia allí. Tales herramientas navegables, sin embargo, podrían llevarnos a
    lo a-compasado, a lo des-acompasado. A veces el deseo, la intuición, es tal que
    descompasa, parte una cosa (a ti) en dos.
    Pierdes el horizonte.

    Texto de Kate Morgan

    Info

    Belmonte de Tajo 61

    28019 Madrid

    Miércoles a viernes 

    de 11.00 a 19.00

    Sábados 

    de 11.00 a 14.00